LA LECCIÓN DE UN CABALLO

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Los invitamos a disfrutar de este excelente artículo que publica hoy el periódico el Colombiana en su edición digital escrito por Aldo Cívico

http://m.elcolombiano.com/opinion/columnistas/la-leccion-de-un-caballo-EA8442237

La lección de un caballo

Hace unos días fue a visitar la finca de caballos de un amigo en Llanogrande. Le había confesado a mi amigo mi fascinación por los caballos, la cual nació cuando, aún muy niño, veía encantado la serie televisiva “Furia”.

Además, en una de nuestras conversaciones le había confesado a mi amigo el sueño que tengo de integrar la experiencia con los caballos a mis programas de formación de liderazgo. De hecho, sé por experiencia propia que el contacto directo con la naturaleza es fundamental en el desarrollo de la conciencia de cada uno.

Al llegar, vi una manada de caballos pastar pacíficamente en un potrero, mientras que Renzo, el entrenador, galopaba en la sala de equitación a un imponente caballo negro que me recordaba a Furia. Me puse a observar como Renzo trabajaba con el caballo, y muy pronto me di cuenta que frente a mí tenía a un hombre que había desarrollado un oído interno, capaz de captar el susurrar de un caballo. Más tarde, mientras recorrimos la finca, Renzo me comunicó algo sobre el arte de conectarse con los caballos, y fue instantáneo para mí comparar las habilidades de un buen entrenador de caballos con las de un auténtico líder.

“Cuando te acercas a un caballo”, me explicó Renzo, “el primer paso fundamental es generar confianza. Tienes que acercarte a un caballo con actitud generosa”, dijo mientras que estiró su brazo y abrió su mano. “Así es como te acercas a un caballo”, explicó. ¡Que símbolo tan poderoso, pensé!

“Cuando te acercas al caballo, observa su cuerpo”, me dijo Renzo. “Si el caballo se retira, detente”, enfatizó, y me llevó al potrero para que experimentara lo que es construir una relación con un caballo. Estiré mi brazo, abrí mi mano, y empecé a caminar lentamente hacia el caballo que Renzo me indicó.

Tan pronto como el caballo se dio cuenta de que estaba caminando hacia él, se alejó. Inmediatamente paré. Cuando también el caballo se detuvo, di algunos pasos. El caballo nuevamente se retiró, y yo me detuve también. Esto pasó varias veces, y noté que tenía que ejercer mi voluntad para mantener mi mente enfocada en mi intención de conectarme con el caballo.

Desde la distancia el caballo me estaba estudiando. Me acerqué poco a poco, manteniendo mi paso lento y respetuoso, y la mano abierta. Finalmente llegué a unos pocos pasos del caballo hasta que mi mano se situó debajo del hocico del caballo; al fin sentí la lengua húmeda acariciando mi mano. Nos habíamos conectado.

Observé que llegar a este resultado requirió tiempo, paciencia, persistencia. No solo tuve que medir lo que el caballo me comunicaba, sino que también tuve que ser consciente de lo que sentía y comunicaba mi cuerpo. Fue una experiencia de estar totalmente presente en el aquí y ahora.

Y me pregunto, ¿no son estas las mismas cualidades que necesitamos para conectarnos con los demás, y construir confianza? Por eso, de la finca salí convencido que gracias a Renzo y a su caballo había recibido una poderosa lección sobre el arte de la conexión.

 

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